PRI, los rostros de la derrota

David Espino

–Pues ya estuvo –suelta la subsecretaria de prensa del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Laura Serna, a su par estatal Arturo Catalán, éste asienta con un golpe de cabeza y voltea hacia la camioneta de la presidenta Beatriz Paredes Rangel, que se aleja, atrás la estela de polvo, de la improvisada sala de prensa de un salón de fiesta de Chilpancingo, luego de reprochar, más fría su estampa que de costumbre, que Manuel Añorve Baños se enfrentó a una coalición fundada en la deslealtad y a una alianza antinatural, de última hora, con el PAN.

–Esperaremos el conteo final de las actas para determinar lo que procede –añadió, entre líneas su aseveración de que esta vez, no como en Acapulco en 2008, los resultados electorales le fueron adversos a su partido. Unos 120 mil votos de diferencia marcaba el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) a esa hora en un monitor dispuesto para la ocasión en la sala pero que el delegado nacional en Guerrero, Fernando Moreno Peña, ordenó apagar al momento de llegar a la mesa con los reporteros. Al final, empero, fueron más de 158 mil sufragios con los que Ángel Aguirre Rivero retuvo la gubernatura para el PRD en Guerrero.

Momentos antes, Paredes caminó entre las sombras en un edificio del PRI con no más de 40 simpatizantes incrédulos ante la derrota inminente, deseosos de un festejo que nunca llegó.

–Buenas noches compañeros –saludó fuerte, con una mueca de sonrisa mientras caminaba entre unos 10 que la seguían, Efrén Leyva Acevedo entre ellos, cabizbajo, innegable el semblante del fracaso en su rostro, hacia la conferencia de prensa donde concedió que el candidato que ella eligió en la ciudad de México, había perdido. Eran las 10:20 de la noche y los resultados del PREP daban una ventaja de 114 mil 650 votos a Ángel Aguirre Rivero.

La vasta explanada del PRI luce espectral a las 8:15 de la noche del domingo 30. El frío cala y la soledad –la derrota vive en la honda barriada o en el más perdido de los orfanatos– se divisa muchos metros antes de llegar al edificio partidista. Un joven solitario aguarda sentado al lado del busto petrificado de Plutarco Elías Calles. Solos los dos se quedan hasta entrada la noche. Sólo el eco de viejos festejos, sólo residuos de serpentinas de los triunfos idos.

El escenario perduró desde las 2:00 de la tarde cuando las primeras encuestas de salida le daban una ventaja de hasta 12 puntos al candidato de la coalición encabezada por el PRD y ya lo sabían en el PRI; los rostros agrios lo delataron en el transcurso de las tres conferencias de prensa a las que convocaron en Chilpancingo. Por eso, cuando desde las 7:00 de la noche que Añorve comenzó a dar en Acapulco datos inverosímiles que le favorecían, entre los militantes del tricolor de Chilpancingo había más desánimo que confusión.

Las voces de una veintena de priístas flotan en secreto alrededor de la oficina de la presidencia donde Leyva Acevedo hace y recibe llamadas del equipo de Añorve en el puerto. Hablan de diferencias matemáticas y hacen cuentas que no cuadran, como las hace incrédulo Álvaro Leyva Reyes, uno de los secretarios generales adjuntos del CDE que en medio del proceso electoral denunció que su automóvil fue balaceado afuera de su vivienda como parte de una estrategia de intimidación.

–¿En Tecpan, cómo vamos en Tecpan ?-–interroga a quien tiene al lado y la respuesta le descompone más la cara–. Son lugares que se supone teníamos controlados –le dice luego al reportero tras el saludo, desparpajado como es.

–¡Imagínate!, Tixtla, Tlapa, Chilapa… allí se suponía que íbamos a arrasar –añade.

–Ya nos están diciendo que nos vayamos a festejar a Acapulco; aún no hay qué festejar –confiesa más adelante sin pregunta de por medio. Y tiene razón.

En la oficina habilitada para Añorve pero que nunca pisó, evidente su desaire a la estructura formal del tricolor, dos señoras encargadas del aseo dormitan recostadas en el sofá del lobby. Vacío el escritorio y vacío un pequeño privado donde se pensó que despacharía el candidato, sólo un rollo de gallardetes verdes limón se asoma por la puerta entreabierta. Se ven despreocupadas, contrasta el semblante desencajado de los que caminan inquietos por los pasillos.

Al lado, en la sala de juntas Francisco Ruiz Massieu, unos 20 activistas, casi todos jóvenes, cotejan atentos frente a los monitores de las computadoras los números sección por sección que arroja el PREP. Hacen anotaciones al margen de los datos que están recibiendo directamente de los representantes en los 28 distritos. Cuadran las cifras de la derrota.

A la misma hora, el tuiter de Ángel Aguirre festeja: “con tu apoyo hemos ganado estas elecciones. ¡Gracias a todos. No les fallaré!”.

De las sombras del edificio priísta sale el desánimo de una familia que mejor se retira.

–¿Qué, ya se van? aguantemos otros ratito –grita desde el muro de piedra y concreto un adulto que no se puede identificar de entre unos cinco que están en la oscuridad esperando el momento preciso para empezar a festejar. Nunca lo hicieron.

–Ya. Mañana será otro día –responde con desgano el jefe de familia sin detener su marcha y se pierden entre la corteza de los pinos.

Dos horas después, a las 10:20 de la noche ya no hay nadie en los alrededores del inmueble, salvo Elías Calles y el muchacho solitario. En el vestíbulo, algunos siguen desde la televisión los resultados sin ninguna buena nueva. Arriba, donde los funcionarios se movían hasta hace poco más de seis años como subsecretarios de estado, otros 20 militantes aguardan en los pasillos contiguos a las oficinas de Leyva Acevedo. Las caras de todos son irrefutables. Perdieron. Reina el desaliento. Las señoras de limpia que dormitaban en la oficina de Añorve ahora duermen sin que nadie las moleste.

La secretaria del dirigente entra y sale de su privado, desmaquillada, con una playera del candidato sobrepuesta, como si sirviera café en un funeral. Nadie lo dice, pero la presidenta del CEN del PRI Beatriz Paredes Rangel está adentro. Prepara el discurso de la derrota que minutos después leerá en la conferencia de prensa.

Efrén Leyva hace llamados casi a gritos. Su particular vuelve a entrar y a salir. Luego él se asoma mascullando unas palabras. Entra nuevamente. Dos minutos y luego baja acompañando a Paredes Rangel que camina por las escaleras preguntando a dónde la llevan. Los activistas que estuvieron hasta el final la observan. Ella los premia, los saluda.

–Buenas noches compañeros –dice. Su seriedad desdibuja su sonrisa que apenas se le pinta en el rostro. Algunos le extienden la mano y ella corresponde. Baja el graderío y sube a la camioneta que la llevará al restaurante del salón Pepes donde unos 30 reporteros la esperan para escuchar su mensaje final.

En el lugar censuró que la política “se construya a partir de deslealtades, alianzas que desconocen las trayectorias ideológicas y que además se recurra a la difamación y al engaño. El PRI y Manuel Añorve enfrentó una alianza política antinatural, en donde los extremos ideológicos se sumaron y se caracterizaron por el juego sucio en las últimas semanas y los últimos días”.

Advirtió, flanqueada por Moreno Peña –que ya había ordenado apagar el monitor que mostraba los números de la derrota– y por Leyva Acevedo, que esperarán a tener el total de las actas de escrutinio para así valorar cómo se están dando los resultados y actuar en consecuencia. “Hemos instruido a nuestros abogados y a todos nuestros representantes en el proceso para que revisen los incidentes presentados de manera previa a la jornada de hoy y hemos pedido a la Secretaría de Elecciones valoren los elementos de los que disponemos”, acotó.

Aprisa, sin dar lugar a preguntas, casi escoltada por Moreno y Leyva, Paredes se levanta dando las gracias como respuesta a quienes le piden algunas precisiones a sus declaraciones. Sube a la camioneta que deja atrás la polvareda. Los empleados del PRI terminan de desmantelar la sala de prensa que se escogió amplia para recibir a todos a la hora del triunfo. Una gran lona de Añorve Baños levantando la mano derecha con el pulgar arriba cae al último.

Ya estuvo –dice la funcionaria de prensa del CEN a su homólogo de Guerrero. Catalán asienta y camina a su coche. En el edificio del PRI nadie queda.

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