Acapulco dealer, una cartografía que ilumina el lecho de la violencia, Por Federico Vite


ACAPULCO DEALER (UAG-2012) DE DAVID Espino reúne 12 crónicas sobre cómo la violencia ha cambiado las prácticas sociales de Guerrero. El autor agrupa en 137 páginas momentos en los que Acapulco, Chilpancingo, Tecpan, San Luis La Loma y San Luis San Pedro han padecido el flagelo de la violencia. No sólo desde la inseguridad creciente, sino que el fenómeno del narcotráfico, como sugiere Espino, ha cambiado la forma de percibir las ciudades, el puerto: la posibilidad de la muerte asoma en cada esquina.
Hay varios aspectos que tenemos claro quienes habitamos este puerto; por ejemplo, en 2006, Acapulco perdió la inocencia. Esta geisha elegante y alegre que fue Acapulco sintió por primera vez el fuego en sus arterias y a raíz de esa muestra de granadas, Cuernos de Chivo y muertos sobre La Garita, Espino desglosa varios enfrentamientos entre cárteles (Zetas, Los Beltrán Leyva, gente de El Chapo, La Maña y otros aún por emerger), varias prácticas en el despliegue cotidiano de la rudeza, porque otro aspecto que quiero destacar es la gramática de la violencia que retrata Acapulco dealer: Los narcos no sólo han manifestado que tienen una pelea encarnizada por el territorio, sino que incluso han puesto en práctica la crueldad extrema: han desmembrado hombres, cercenado, decapitado, han puesto los cadáveres sobre los puentes. Instalan símbolos que no son nuevos para México, pero sí para este sitio que se ha caracterizado por fundamentar el turismo ante cualquier otra actividad.
Acapulco dealer se divide en dos partes: la primera plasma las ruinas de los enfrentamientos, los velorios de algunos caídos, la búsqueda de cocaína por el puerto; brinda un informe de guerra pues. Da nombre y señales de la geografía utilizada por los narcos para potenciar de a poco la edificación de su imperio: esta casa, este sitio que desde hace años, siete para ser exacto, se batalla por varios flancos. La segunda parte de este libro que hoy comento aborda una línea relacionada con la secuela de la violencia. Espino señala, con datos duros, que el miedo por asistir a Acapulco es real. “En el 2005 ocurrió la caída más drástica en cuanto a número de turistas extranjeros en los últimos 11 años. De acuerdo con el informe de la Sefotur, registró en 1995 un millón 374 mil 703 turistas en el Triángulo del Sol, y en 2005 un millón 37 mil 453. De éstos, en Acapulco pasó de 857 mil 13 turistas extranjeros en 1995 a 340 mil 694. En 2005, sólo llegó a Acapulco 40 por ciento de los turistas extranjeros que una década antes”, señala.
Para él, los motores del bajón económico, el impacto derivado de la violencia en cifras duras, refieren que Acapulco, el puerto mexicano más conocido en el mundo, pierde la confianza en sí mismo, en su mejor producto, el turismo: “Para 2005 Acapulco no sólo era la quinta área metropolitana más insegura de país –junto con Culiacán, Tijuana, Mexicali y Guadalajara–  sino la ciudad donde la población menos confianza le tiene a sus policías, desde la preventiva y la ministerial hasta la Agencia Federal de Investigaciones y la Policía Federal Preventiva. Quizá por eso sólo una de cada 10 víctimas de algún delito acude al Ministerio Público a denunciar, y la coloca en el primer lugar en delitos no denunciados”. ¿Qué nos dice con estas cifras? Algo que todos tenemos en mente y desde hace tiempo nos interesa recobrar: la confianza se ha perdido.
Acapulco dealer no sólo son 12 crónicas sobre la violencia que ha golpeado la vida cotidiana de Acapulco. Nos habla de cómo ha cambiado la forma de vivir en este sitio e incluso ofrece una mirada nueva a la concepción de la muerte: un espectáculo terrible para quienes llegan a presenciar una balacera, un levantón, un asesinato. Este libro es una cartografía que ilumina el lecho de la violencia y reproduce la luz de otra forma, para que el lector vea la opacidad en que nos hemos detenido.
Concuerdo con Espino en muchos aspectos de orden sociológico para explicar cómo la marginación, el binomio hambre-pobreza, es la cuna de los nuevos dealers, de los sicarios, de los narcomenudistas. Los miserables ven en al narcotráfico un escalafón para salir de los atorones económicos, para salir de los márgenes y colocarse en el centro de la riqueza. También concuerdo que la puta luminosa que fue Acapulco perdió la inocencia en el 2006, con esa balacera en La Garita. Se cambiaron tanto las cosas que las rutas del puerto se convirtieron en anécdotas novelizables. Acapulco dealer es un muestrario de atrocidades recientes, un libro que refleja el campo de batalla que es Acapulco.

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